Escrito por Martin Viera
Recostado bajo un techo de hojas verdes deslumbrantes
el niño siente espasmos por el calor
y las copas de las montañas de tierra y piedras,
hacen obra del retorno al cuidado de la luz
es que allí en el semillero, la cuevas aflojan penas no deseadas.
Instinto veloz de un Dios que sopla cenizas de los hombres
para apagar el fuego de un templo desnivelado,
causa de injusticias entreveradas de un Viejo Adversario
que se reveló en siglos pasados y aún así reaparece
con sus discursos azucarados.
Jesús yace solitario en la arena, a la espera del encomendado ángel
pero su corazón no está allí en el desierto.